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El submundo de Policarpio

Viernes, 13 de enero de 2006

Prohibido oler mal

-Las bibliotecas públicas de Dallas vetarán el acceso a los malolientes y prohibirán comer o practicar el sexo en sus instalaciones.
El nuevo reglamento impide hablar por los teléfonos móviles, fumar, alzar la voz, entrar descalzos(estos guiris..), utilizar reproductores de música o usar los lavatorios para bañarse( ostras!).
Las nuevas reglas han sido duramente criticadas por las organizaciones benéficas de la ciudad, que argumentan que se dirigen principalmente contra los mendigos que buscan refugio en los edificios públicos.
Steve Salazar, concejal municipal y quien se opone al reglamento, cree que el Ayuntamiento debería revisar estas medidas.Para él, no existe una medida imparcial si puede dar lugar a malos entendidos o sentar bases para la discriminación.«Por ejemplo, el olor de una persona es muy particular y además es difícil de determinar si es o no ofensivo para los demás. Hay que tener mucho cuidado», aseguró.
Sin embargo la directora de las bibliotecas de Dallas, considera que estas nuevas medidas no pertenecen a una ordenanza municipal, ya que son reglamentos administrativos que aprobó un comité interno.«Además, este nuevo código es el mismo que utilizan cientos de bibliotecas en todo el país. Nuestra intención nunca fue la de discriminar ni prohibir la entrada a los mendigos, como se ha interpretado».
Un comité de control de calidad perteneciente a las bibliotecas públicas de Dallas creó este nuevo código.Se pondrán en marcha los reglamentos solamente si existe una queja por parte de algún usuario contra otro.«Eso significa que la idea es atacar al comportamiento del que usa los servicios de las bibliotecas, no a la persona como tal», aseguró la directora .
Pero para Ethan Hamilton, un activista y defensor de los mendigos que deambulan por el centro de Dallas, las medidas no son más que una contradicción «porque atacan al que huele mal y al que huele demasiado bien».
«Si no me gusta el olor que lleva cierto individuo, claramente lo puedo confundir como parte de su mala higiene, cuando en realidad se trata de un perfume de cierta calidad. Entonces, ¿quién va a determinar si se trata de un olor particular o de una fragancia particular?», se preguntó Hamilton.
«Si estás mal vestido y debes entrar en a una biblioteca a sacar un libro o usar la computadora, vas a pensarlo dos veces. Definitivamente las medidas que están previstas están mal concebidas», concluyó Hamilton.
Según Andrea Hunt, Concejal , las restricciones que se pondrán en marcha son normas que todo centro público realiza de acuerdo con sus propias necesidades. «Una biblioteca definitivamente no es un refugio. La intención es educar, prestar libros, material didáctico, entre otros. Nunca para que la gente utilice sus instalaciones para asearse, pernoctar o incluso permitirse una siesta», dijo.

>>Weno,esto de permitirse una siesta y el que entren mendigos si que ocurre porque a mí de hecho me ha pasado en una biblioteca céntrica de Madrid. Es cierto lo de que es un lugar tranquilo para consultar libros o estudiar y el tener cerca un mendigo te lo hace un poco incómodo precisamente por el olor.Si se duerme y ronca ya ni te cuento.Lo que pasa que en el fondo prefieres irte tu a que lo haga él,que ya tendrá suficiente cada noche aguantando el frío,¿no?


Por: Patry | En otros países | Comentarios (0) | Referencias (0)

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